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Fotografía
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Entre calor y semáforos
Foto reportaje

En Barrancabermeja, una ciudad donde la tasa de desempleo alcanza el 23% y la temperatura, en los días más calientes, llega a 40°C, se encuentra Carlos Andrés Lascano Castellanos, un joven “limpia – vidrios” de 18 años que desde hace exactamente 1 año y 3 meses, por problemas con su familia, abandonó sus estudios para dedicarse a este oficio.

A Carlos le toca trabajar doble jornada para ganarse lo de “la papita”. Su rutina diaria transcurre entre las 10:00 a.m. y 6:00 p.m. y en ocasiones, entre las 8:00 a.m. y 5:00 p.m., dependiendo el clima, y aunque a veces el Sol salga tan ardiente que lo ahuyenta, le agradece a esta estrella porque en los días lluviosos le toca pensar cómo rebuscársela con otra actividad. La ciudad cuenta con 47 intersecciones semafóricas y la “oficina” de Carlos es el semáforo ubicado en la Carrera 28 con Calle 50.

Sus herramientas de trabajo son el limpia vidrios, un tubo delgado que mide aproximadamente 50 centímetros de largo, hecho de lámina, con un extremo de espuma y el otro de caucho y una botella plástica con un pequeño agujero en su tapa por donde sale propulsado el líquido hecho con agua y detergente.

Su técnica consiste en esparcir el líquido, luego con el lado de la espuma refregar el vidrio en forma recta de derecha a izquierda y finalmente, con el lado de caucho retirar el jabón en forma ondulada, pero sin duda alguna el toque secreto es la amabilidad. De los 12 mil 523 automóviles registrados en la ciudad por la Dirección de Tránsito y Transporte de Barrancabermeja (DTTB), Carlos diariamente le limpia los vidrios, panorámico y trasero, a aproximadamente 20 y 50 carros por día.

El dinero que Carlos usualmente recibe por conductor oscila entre 50 pesos y 2 mil pesos, aunque hay gente de “buen corazón” que le ha dado hasta 5 mil y 10 mil pesos. Sin embargo, para ganarse el sustento diario ha tenido que aguantarse a algunos conductores que le tiran el carro y otros que le echan el agua caliente del dispensador del limpia parabrisas en la cara, todo esto sumado a menosprecios e insultos; e incluso, ha sido llevado a la Comandancia de la Policía por las quejas de personas diciendo que los ‘limpia – vidrios’ son cansones y atrevidos.

Un minuto y 30 segundos es lo que demora en cambiar el semáforo de rojo a verde, tiempo que le alcanza a Carlos para limpiar aproximadamente 3 carros. Durante los 30 segundos que dura el semáforo en verde, él aprovecha el tiempo para dividir el dinero ganado; aparta los 4 mil pesos diarios para comprar su almuerzo y va guardando la plata que se llevará para el sostenimiento de su hogar.

Carlos nunca se va con las manos vacías. No puede hacerlo porque a su corta edad tiene una familia que mantener. Vive con su mujer, Ana Cristina Hoyos Macías de 16 años de edad y su hijo, Carlos Andrés Lascano Hoyos de 2 meses de nacido, en un lote de su mamá en Pozo Siete, un barrio al Nororiente de la ciudad. En un día sin eventualidades, dependiendo el flujo de carros y sus conductores, ya que hay veces que le colaboran y otras no, por lo general se gana entre 15 mil y 25 mil pesos. Cuando peor le va lo mínimo que se hace son 12 mil pesos y en sus mejores días logra embolsarse hasta 40 mil pesos.

Carlos todos los días se arrepiente de haber abandonado el estudio por lo duro que le ha tocado vivir y lo que ha tenido que aguantar en este oficio. Sin embargo, pese a todas las adversidades, todavía sigue en pie con el tubo y la botella plástica, una sonrisa en su rostro y una vida llena de sueños. Carlitos, su hijo, y Ana, su mujer, son su mayor motivación para continuar sus estudios y llegar a ser un gran ingeniero mecánico, de telecomunicaciones o civil; por ellos trabaja y da todo su esfuerzo día tras día.