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En la ciudad, la contaminación ambiental “anda sobre ruedas”

Foto del escritor: Isa Salcedo
Isa Salcedo
12 may 2017
6 min de lectura

A pesar de que el ruido y las fuentes fijas son agentes de contaminación ambiental, la falta de conciencia ciudadana y el aumento del parque automotor son los principales causantes de la contaminación atmosférica en la “Ciudad Bonita”.

Por: Isa Salcedo y Juliana Tordecilla


“La Ciudad de los Parques”, junto a Bogotá, Cali y Medellín, es una de las urbes más contaminadas de Colombia, según la última publicación hecha por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) en el año 2015. La calidad del aire en la capital santandereana se ha visto afectada principalmente por la ausencia del Pico y Placa y el aumento del parque automotor, representando una amenaza para la salud, el bienestar y el ecosistema.


Kento Taro Magara, doctor en Ciencias Ambientales y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana, afirma que “la exposición al material particulado puede causar problemas respiratorios” y si dicho material es muy fino puede llegar a ocasionar problemas en otros sistemas como el cardiovascular, además de otros órganos, “ya que estas partículas son tan pequeñas que logran llegar hasta el torrente sanguíneo y de ahí transportarse hacia cualquier órgano del cuerpo”.


Sobre este tipo de efectos en la salud, también se refiere Gustavo Oviedo, ingeniero Ambiental de la Universidad Industrial de Santander, al explicar que “el material particulado entre 10 y 2.5 micrómetros se retiene en los bronquios, afectando el sistema respiratorio; mientras que el material particulado fino, equivalente a 2.5 micrómetros, incide directamente en las células”.


Magara coincide con Oviedo en que Bucaramanga no es una ciudad muy industrial, por tanto, la principal fuente de contaminación de esta es el parque automotor. Según el último informe publicado por la Dirección de Tránsito de Bucaramanga (DTB), al 31 de diciembre de 2016 la ciudad contaba con un parque automotor de 632.104 vehículos, es decir, 36.731 vehículos más que en el 2015.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda unos niveles guía y tres metas intermedias que pueden ser alcanzadas con medidas sucesivas de reducción de la contaminación. En el caso colombiano, los niveles máximos permisibles para cualquier material que represente contaminación son PM10 (Material Particulado menor a 10 Micras) y PM2.5 (Material Particulado menor a 2,5 Micras). Es decir, que el diámetro aerodinámico debe oscilar entre valores menores o iguales a los mencionados anteriormente. Estos parámetros fueron definidos en la Resolución 610 de 2010 del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.


Bucaramanga cuenta con tres estaciones que monitorean la calidad del aire en la ciudad, dirigidas por los miembros de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb). Éstas están en Cabecera, la Ciudadela Real de Minas y en el centro de la ciudad. Según los datos disponibles en la web, la Corporación encontró alertas en los niveles de material particulado en las estaciones de Cabecera y la CIudadela Real de Minas. Sin embargo, la base de datos oficial no arroja datos sobre el Centro sin alguna explicación (Ver tablas 1 y 2).


Tabla 1

En la estación de Cabecera el monitoreo evidencia que en los meses de mayo y junio el material particulado estuvo al máximo, pero las alertas en este sector de la ciudad no se encendieron.

Tabla 2

En la estación de Ciudadela se evidencia que a finales de julio e inicios de agosto el material particulado (PM10) estuvo en su máximo nivel.

Fuente: Sistema de Vigilancia de la Calidad del Aire de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb).


En un lapso de diez meses, entre enero y noviembre de 2016 la Cdmb reportó el comportamiento del material particulado (PM10) en cada una de las zonas, advirtiendo que los niveles de alerta se registraron en los sectores de Cabecera y Real de Minas.


Desde el 23 de enero de 2017, la ciudad ha tenido que hacerle frente a los constantes cambios en la implementación del Pico y Placa, es decir, la medida de restricción a la movilidad. Actualmente, por órdenes del Juzgado 9 Administrativo Oral del Circuito, Miller Salas, director de Tránsito de Bucaramanga, emitió un comunicado el 31 de marzo informando que a partir del 3 de abril toda la ciudad se quedaría sin esta medida restrictiva de manera provisional mientras solucionan el “lío” jurídico. Esto representa un caos vehicular, sumado a la contaminación del aire generada por dichos actores.


Aprovechando la coyuntura, el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (AMB) y la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), en un convenio interinstitucional, están realizando mediciones de la calidad del aire en el centro de la ciudad en términos de niveles de material particulado fino o PM2.5. El ingeniero Kento Taro Magara, líder del proyecto, afirma que con estas mediciones se busca evaluar los efectos contaminantes que el levantamiento de la medida del Pico y Placa ha causado en la ciudad.


Según el último informe publicado por el AMB, “las concentraciones de material particulado durante la semana sin Pico y Placa han sido relativamente altas y han estado por encima de las concentraciones típicas de las últimas semanas, en especial para las registradas en la estación Ciudadela”.


Las aristas del problema


Desde las organizaciones no gubernamentales (ONG) y desde la academia hay cuestionamientos frente a la contaminación ambiental del aire. Por ejemplo, Leydy López, directora del Movimiento Ambientalista Colombiano-Nodo Santander, sostiene que la normativa ambiental “no se cumple al pie de la letra, o simplemente se legisla a favor de grandes industrias y no a favor de la protección ambiental”.


El cuestionamiento planteado por López tiene asidero en las críticas que han realizado colectivos que promueven el uso de la bicicleta, como una medida para contrarrestar la contaminación generada por el parque automotor. Kelly Andrea Cadena, deportista de alto rendimiento, asegura que cuando sale a entrenar, con dificultad puede alcanzar velocidades de entre 60 y 70 kilómetros por hora producto de la mala condición y poca adaptación de las vías para los ciclistas.


Lo anterior deja un interrogante. El Proyecto de Acuerdo N° 049 de 2016, ya aprobado por el Concejo de Bucaramanga, asegura que “la bicicleta es el medio de transporte que mejor responde a los factores que más afectan el planeta: no contamina y aporta a la salud”, y a su vez promueve el uso de la bicicleta como transporte sostenible e incluyente; sin embargo, en varias calles de la ciudad hay señales de tránsito que prohíben la circulación de las mismas, algunas en los sectores principales como las carreras 27 y 33.


Incluso, el mismo Municipio acepta que no existen vías para el uso o el disfrute de la población, así lo señala el Plan de Desarrollo 2016 -2019, que reconoce la falta de ciclo-rutas, y el mal estado de la red vial urbana. De igual manera, el documento señala la importancia de hacer de los desplazamientos a pie y en bicicleta una opción sostenible de movilidad, pero no se indican proyectos ni estrategias para lograrlo.


Pero no todo son cuestionamientos. También se plantean propuestas, alternativas y soluciones. Los mismos investigadores, académicos y ambientalistas impulsan iniciativas y ofrecen recomendaciones para reducir los niveles de alerta ya registrados por los monitoreos de la autoridad ambiental.


Desde su experiencia, Laura Rodríguez, epidemióloga e investigadora sobre la calidad del aire en Bucaramanga, coordinadora del Nodo de Salud Ambiental en Santander y docente de planta de la Universidad Industrial de Santander (UIS), opina que “sí es posible lograr una ciudad sostenible si como ciudadanos tomamos conciencia de los riesgos que para nosotros mismos acarrea la contaminación del aire en nuestra ciudad. Con acciones tan sencillas como autorregular nuestro uso de los vehículos, compartir el mismo medio de transporte con otras personas, usar la bicicleta o tomar el transporte público, podemos marcar la diferencia”.


Un estudio realizado por Juan Camilo Gómez Ángel, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana, explica el poder transformador de la bicicleta. Para ello, en el estudio titulado “Ciberactivismo en la promoción de la movilidad sostenible: una guía de comunicación para incentivar el uso de la bicicleta en ciudades capitales de Colombia” cita a Álvaro Pasantes, integrante del movimiento BiciKultura Ibarra, de Ecuador. Pasantes sostiene que “la bicicleta se vuelve un modelo de transformación social para intervenir en las comunidades y así cambiar comportamientos, hábitos y costumbres en torno a la cultura vial”.


Mientras los estudios académicos y reportes oficiales alertan sobre los elevados índices de contaminación y los expertos sostienen que la principal fuente de contaminación en la capital santandereana es el parque automotor que sigue aumentando; la Administración Municipal continúa en deuda de impulsar el uso de la bicicleta. También de implementar una medida que regule el flujo vehicular y generar campañas de pedagogía cultural en las que se promueva el respeto al ciclista.

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