La contaminación del aire, un ‘asesino’ silencioso

Las defunciones y las enfermedades por contaminación ambiental le costaron al sector salud 20,7 billones de pesos en el 2015, una cifra equivalente al 2,6 por ciento del Producto Interno Bruto colombiano (PIB) para ese año.
Por: Isa Salcedo
Vehículos que a su paso van dejando rastro del humo negro que expelen por el tubo de escape siguen circulando a diario por la “Ciudad Bonita” sin que las autoridades competentes impongan algún tipo de medida al respecto. Sacar de circulación a estos vehículos en mal estado puede ser una opción para reducir la contaminación del aire; sin embargo, esto parece no ser un asunto de interés.
El último informe publicado por la Dirección de Tránsito de Bucaramanga (DTB), indica que al 31 de diciembre de 2016, la ciudad contaba con un parque automotor de 632 mil 104 vehículos, es decir, 36 mil 731 más que en el 2015. Las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y el Departamento para la Prosperidad Social (DPS), declararon en el mismo año, a ‘La Bonita’ como la ciudad con mayor clase media del país; esta podría ser una de las razones por las que el parque automotor crece exponencialmente.
Sin embargo, los comparendos por infracciones registrados durante el primer trimestre del 2017, fueron 14 mil 245, es decir, 3 mil 432 más que el año pasado en el mismo tiempo, según el último informe publicado por la DTB. Lo curioso del asunto es que ninguna infracción fue cometida “por contaminación ambiental”. Al parecer, los vehículos ‘chimenea’ pueden ir libremente contaminando a su paso. Esas cifras son muestra de que es más importante multar a alguien por sobrecupo que por contaminar el aire, sabiendo que éste fenómeno causa afectaciones en la vida de las personas que pueden ocasionar la muerte.
En el mundo casi 7 millones de decesos se atribuyen a la contaminación atmosférica, así lo indica la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su página web. En Colombia fallecieron aproximadamente 10 mil 527 personas durante el 2015, según el último informe del Departamento Nacional de Planeación (DNP). Este mismo documento advierte que en Bucaramanga las muertes registradas sumaron 484. ¿Cuántos más tienen que morirse para que esta condición ambiental no pase desapercibida?
Ah, y cómo si fuera poco, esas defunciones le costaron a la capital santandereana 0,6 billones de pesos que representan el 3,9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del área. ¿Acaso no sería mejor invertir ese dinero en cultura, ciencia y educación que andar gastándolo en un problema que se podría evitar?
El tema ambiental no se escapa de la incoherencia gubernamental. El Proyecto de Acuerdo N° 049 de 2016, ya aprobado por el Concejo de Bucaramanga, asegura que “la bicicleta es el medio de transporte que mejor responde a los factores que más afectan el planeta: no contamina y aporta a la salud”, y a su vez promueve el uso de la bicicleta como transporte sostenible e incluyente; sin embargo, en varias calles de la ciudad hay señales de tránsito que prohíben la circulación de las mismas, algunas en los sectores principales como las carreras 27 y 33.
Incluso, el Municipio acepta que no existen vías para el uso o el disfrute de la población. Así lo señala el Plan de Desarrollo 2016 -2019, que reconoce la falta de ciclo-rutas y el mal estado de la red vial urbana. De igual manera, el documento enfatiza en la importancia de hacer de los desplazamientos a pie y en bicicleta como una opción sostenible de movilidad, pero no se indican proyectos ni estrategias para lograrlo.
Para la Administración Municipal el control de la contaminación ambiental debería ser una labor prioritaria. El Acueducto Metropolitano de Bucaramanga en una alianza interinstitucional con la Universidad Pontificia Bolivariana, reveló en su más reciente estudio que “las concentraciones de material particulado durante la semana sin Pico y Placa han sido relativamente altas y han estado por encima de las concentraciones típicas de las últimas semanas”. ¿Qué pasa entonces que no se ‘mosquean’? Urge resolver la “mamadera de gallo” que tienen con el Pico y Placa. Qué hoy sí, qué mañana no, qué dos dígitos, qué cinco. Ahí están los estudios, ahí están las pruebas, ¿qué más necesitan?
Con respecto al asuntico del Pico y Placa, qué casualidad que de las tres estaciones que monitorean la calidad del aire Bucaramanga, la del centro de la ciudad sea la única que no arroja datos en la base oficial sin alguna explicación. ¿Será que al Gobierno no le conviene revelar esos datos?
Urgen las acciones decididas y efectivas. No tenemos que esperar ser declarados en alerta roja para alarmarnos y actuar. No seamos inconscientes. El momento es ahora. El tiempo se agota.


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